La relación
entre el capitalismo y el medio ambiente es clara: como apuntan algunos
autores, la coincidencia histórica entre la emergencia del capitalismo global y
la transformación de la atmósfera del planeta, no es casual. En este sentido,
el capitalismo está en el corazón del reto de enfrentarse al cambio climático,
y como algunos autores afirman, ningún intento serio de intentar plantar cara
al cambio climático global debe competir con el capitalismo global (Wainwright, 2010).En el siguiente estudio
demostraremos el por qué desde dos puntos de vista: la acumulación y la
desigualdad.
En primer
lugar, el capitalismo es definido como la producción y venta de bienes para
extraer una plusvalía y facilitar la acumulación de dinero. Según un punto
marxista, la fórmula del capital sería M-C-M’, lo que significaría que el
dinero (M) sería invertido para conseguir mano de obra y medios de producción
para producir mercancías (C), las cuales serían utilizadas para venderlas y conseguir
así más dinero (M’). Este proceso se repetiría de manera reiterada engrandando
cada vez más la cantidad de dinero y de bienes. El paso de M-C sería
considerada la producción, mientras que C-M’ sería el consumo (Marx, 1976). Entonces, el círculo de
circulación y acumulación del capital M-C-M’ mostraría una incesante demanda de
crecer. Este crecimiento económico es el que buscan todas las economías
capitalistas; una sociedad organizada de manera capitalista no puede romper
este ciclo de acumulación del capital. De esta manera, la acumulación engendra
más acumulación sin fin u objetivo, siendo así la fuente del dinamismo incuestionable
del capitalismo. Esto tendría diversas implicaciones para el cambio climático. La
expansión y acumulación requieren de una conversión constante del planeta en
medios de producción y bienes; es decir, el ciclo del capital convertiría el
mundo en mercancías. De esta manera, el capitalismo consideraría la naturaleza
únicamente como una colección de recursos. Debido a que el incremento de
concentración de CO2 en la atmósfera de la Tierra sugiere que pueden haber
límites planetarios para el crecimiento capitalista, se abre la puerta a
respuestas sociales y técnicas hacia el cambio climático con tal de mitigar sus
efectos. Sin embargo, a menos que estas respuestas se dirijan a la principal
causa del cambio climático (el uso energético necesario para no frenar la
economía capitalista global), éstas tendrán un impacto muy limitado. Con lo
cual, la concepción del mundo capitalista es ciertamente incompatible con una
respuesta global efectiva a la problemática del cambio climático (Wainwright, 2010).
En segundo
lugar, las desigualdades forjadas por el capitalismo también tendrían un papel
considerable en la falta de acción contra el cambio climático. El mundo se ha
vuelto más desigual con la emergencia del capitalismo global, ya que la
acumulación de capital produce inequidades de bienestar y poder. Estas
desigualdades son un gran impedimento en el momento de confrontar el cambio
climático, porque para que una respuesta fuese efectiva al problema necesitaría
sacrificios, alianzas transnacionales y cooperación entre clases. Esto se
debería principalmente a dos motivos. El primer motivo sería que dentro de una economía
capitalista, las desigualdades en bienestar y poder hace difícil la creación de
coaliciones alrededor de un sacrificio compartido. Habría que tener en cuenta
que la capacidad de convertir la economía intensiva en carbón en una
alternativa más sostenible estaría prácticamente en manos exclusivas de los
ricos (aquellos que se benefician desproporcionalmente del crecimiento
económico). El segundo motivo estaría relacionado no dentro de una misma
economía, sino entre diversas. Entre economías capitalistas, las grandes
desigualdades de bienestar y poder en el mundo impedirían que se pudiera
alcanzar un compromiso global necesario para corregir el cambio climático (Wainwright, 2010). Como demuestra algún
estudio, el fallo de lograr grandes acuerdos globales de reducir emisiones tiene
raíz en el problema global de la desigualdad en varios términos: quien sufre el
problema, quien lo causó, quien se supone que debe enfrentarse al problema y
quien se beneficia desproporcionalmente de los bienes producidos en la economía
global (Roberts & Parks, 2007). De esta manera, siempre y
cuando el mundo sea capitalista, las desigualdades permanecerán, y con ellas,
la falta de acuerdo para tratar con el cambio climático.
Sin
embargo, aun y esta crítica tan puntiaguda con la que hemos tratado en este
apartado, hemos observado que en los tiempos actuales se ha logrado alcanzar un
acuerdo importante en esta temática dentro del capitalismo: Los Acuerdos de
París en 2015, con su respectiva ratificación y puesta en marcha el 2016. No
obstante, no hay que olvidar que el sistema capitalista sigue en vigor, y según
lo analizado, no sería de esperar que estos acuerdos y negociaciones se vieran
interrumpidos de un momento a otro. Una posible teoría que podríamos apuntar
estaría relacionada con Estados Unidos y su nuevo gobierno de Trump, persona
que considera que el cambio climático es una mera invención. Si Estados Unidos
de descolgase de estos tratados sobre el medioambiente, no sería nada raro que
crease un efecto cadena y que otros países se retirarán también; y como
recordamos, una respuesta al cambio climático que no sea global, carecerá de
efectividad.
Bibliografía
Marx, K. (1976). Capital. New
York: Penguin.
Roberts, J. T., & Parks, B. C.
(2007). A climate of injustice: Global inequality, North-South politics, and
climate policy. Boston: MIT Press.
Wainwright, J. (2010). Climate
Change, Capitalism, and the Challenge of Transdisciplinarity. Annals of the
Association of American Geographers, 100(4), 983–991.
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