martes, 14 de febrero de 2017

El capitalismo y su no actuación contra el cambio climático



La relación entre el capitalismo y el medio ambiente es clara: como apuntan algunos autores, la coincidencia histórica entre la emergencia del capitalismo global y la transformación de la atmósfera del planeta, no es casual. En este sentido, el capitalismo está en el corazón del reto de enfrentarse al cambio climático, y como algunos autores afirman, ningún intento serio de intentar plantar cara al cambio climático global debe competir con el capitalismo global (Wainwright, 2010).En el siguiente estudio demostraremos el por qué desde dos puntos de vista: la acumulación y la desigualdad.

En primer lugar, el capitalismo es definido como la producción y venta de bienes para extraer una plusvalía y facilitar la acumulación de dinero. Según un punto marxista, la fórmula del capital sería M-C-M’, lo que significaría que el dinero (M) sería invertido para conseguir mano de obra y medios de producción para producir mercancías (C), las cuales serían utilizadas para venderlas y conseguir así más dinero (M’). Este proceso se repetiría de manera reiterada engrandando cada vez más la cantidad de dinero y de bienes. El paso de M-C sería considerada la producción, mientras que C-M’ sería el consumo (Marx, 1976). Entonces, el círculo de circulación y acumulación del capital M-C-M’ mostraría una incesante demanda de crecer. Este crecimiento económico es el que buscan todas las economías capitalistas; una sociedad organizada de manera capitalista no puede romper este ciclo de acumulación del capital. De esta manera, la acumulación engendra más acumulación sin fin u objetivo, siendo así la fuente del dinamismo incuestionable del capitalismo. Esto tendría diversas implicaciones para el cambio climático. La expansión y acumulación requieren de una conversión constante del planeta en medios de producción y bienes; es decir, el ciclo del capital convertiría el mundo en mercancías. De esta manera, el capitalismo consideraría la naturaleza únicamente como una colección de recursos. Debido a que el incremento de concentración de CO2 en la atmósfera de la Tierra sugiere que pueden haber límites planetarios para el crecimiento capitalista, se abre la puerta a respuestas sociales y técnicas hacia el cambio climático con tal de mitigar sus efectos. Sin embargo, a menos que estas respuestas se dirijan a la principal causa del cambio climático (el uso energético necesario para no frenar la economía capitalista global), éstas tendrán un impacto muy limitado. Con lo cual, la concepción del mundo capitalista es ciertamente incompatible con una respuesta global efectiva a la problemática del cambio climático (Wainwright, 2010)

En segundo lugar, las desigualdades forjadas por el capitalismo también tendrían un papel considerable en la falta de acción contra el cambio climático. El mundo se ha vuelto más desigual con la emergencia del capitalismo global, ya que la acumulación de capital produce inequidades de bienestar y poder. Estas desigualdades son un gran impedimento en el momento de confrontar el cambio climático, porque para que una respuesta fuese efectiva al problema necesitaría sacrificios, alianzas transnacionales y cooperación entre clases. Esto se debería principalmente a dos motivos. El primer motivo sería que dentro de una economía capitalista, las desigualdades en bienestar y poder hace difícil la creación de coaliciones alrededor de un sacrificio compartido. Habría que tener en cuenta que la capacidad de convertir la economía intensiva en carbón en una alternativa más sostenible estaría prácticamente en manos exclusivas de los ricos (aquellos que se benefician desproporcionalmente del crecimiento económico). El segundo motivo estaría relacionado no dentro de una misma economía, sino entre diversas. Entre economías capitalistas, las grandes desigualdades de bienestar y poder en el mundo impedirían que se pudiera alcanzar un compromiso global necesario para corregir el cambio climático (Wainwright, 2010). Como demuestra algún estudio, el fallo de lograr grandes acuerdos globales de reducir emisiones tiene raíz en el problema global de la desigualdad en varios términos: quien sufre el problema, quien lo causó, quien se supone que debe enfrentarse al problema y quien se beneficia desproporcionalmente de los bienes producidos en la economía global (Roberts & Parks, 2007). De esta manera, siempre y cuando el mundo sea capitalista, las desigualdades permanecerán, y con ellas, la falta de acuerdo para tratar con el cambio climático.

Sin embargo, aun y esta crítica tan puntiaguda con la que hemos tratado en este apartado, hemos observado que en los tiempos actuales se ha logrado alcanzar un acuerdo importante en esta temática dentro del capitalismo: Los Acuerdos de París en 2015, con su respectiva ratificación y puesta en marcha el 2016. No obstante, no hay que olvidar que el sistema capitalista sigue en vigor, y según lo analizado, no sería de esperar que estos acuerdos y negociaciones se vieran interrumpidos de un momento a otro. Una posible teoría que podríamos apuntar estaría relacionada con Estados Unidos y su nuevo gobierno de Trump, persona que considera que el cambio climático es una mera invención. Si Estados Unidos de descolgase de estos tratados sobre el medioambiente, no sería nada raro que crease un efecto cadena y que otros países se retirarán también; y como recordamos, una respuesta al cambio climático que no sea global, carecerá de efectividad.
Bibliografía
Marx, K. (1976). Capital. New York: Penguin.
Roberts, J. T., & Parks, B. C. (2007). A climate of injustice: Global inequality, North-South politics, and climate policy. Boston: MIT Press.
Wainwright, J. (2010). Climate Change, Capitalism, and the Challenge of Transdisciplinarity. Annals of the Association of American Geographers, 100(4), 983–991.
 

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